Un héroe sin capa

La obligatoriedad de la cita previa en los trámites con la Administración fue uno de los males supuestamente necesarios que nos trajo la pandemia. Pero la pandemia acabó y la cita previa siguió, como el dinosaurio de Monterroso.

Quien desde entonces haya tenido la desgracia de acudir imperativamente a una oficina para resolver algún papeleo administrativo conoce las mil y una peripecias que debe llevar a cabo para formalizar una cita que, en la mayoría de los casos, se logra para semanas y nunca en la oficina deseada. Eso, quienes lo logran. Luego llega el día, acudes puntual y la delegación está medio vacía, y los funcionarios, tan pichis.

Todo esto ya lo sabíamos los contribuyentes. La novedad es que, por primera vez, alguien desde dentro ha denunciado la sinrazón del Leviatán burocrático. El héroe sin capa ha sido Juan Carlos, un funcionario extremeño –ya sabemos el tipo de bravos que dan aquellas tierras–, quien ha abierto la boca para señalar que el rey está desnudo.

Juan Carlos cometió la osadía de atender en la oficina del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) de Mérida a ciudadanos sin la pertinente cita previa, y ahora le han abierto un expediente disciplinario por falta grave que incluso podría acabar en una suspensión de empleo y sueldo.

Como si hiciera falta explicar lo obvio, nuestro héroe ha declarado ante unas decenas de vecinos que acudieron a apoyarle a las puerta de la oficina: «Simplemente hacía mi trabajo, por el que me pagan, y por el que todos los contribuyentes pagan sus impuestos». También ha apuntado la sinrazón de pretender que, «con la oficina casi vacía, yo, de brazos cruzados, le diga a quien entre con cualquier problema que no tiene cita y que no le puedo atender». Quisiera preguntarme si los compañeros de Juan Carlos pensarán lo mismo que él, pero hace décadas que perdí la fe en el cuerpo de oficinistas de la Administración. Mis pensamientos van más bien por las represalias que podría causarle su actitud entre el funcionariado enragé, que ya sabemos cómo se las gastan.

Va para 200 años que Mariano José de Larra popularizó aquel «Vuelva usted mañana» en un artículo donde atribuía a la pereza la escasa diligencia, no ya de los chupatintas del Estado, sino como rasgo de la idiosincrasia española. Si el Pobrecito Hablador viera hoy, dos siglos después, en lo que ha quedado la Administración, a la pereza debería añadir sin duda la desvergüenza.

Imagen creada con Grok.


  Votar:  
Resultado:0 puntos0 puntos0 puntos0 puntos0 puntos
  0 votos

Deje un comentario

Para dejar su comentario identifíquese o regístrese.