De residuos del barrio a biomateriales con Denominación de Origen Chamberí

Smartincircles estrena su proyecto de cocina-laboratorio


Desde hace unos meses ha echado raíces en la de calle de Andrés Mellado, 24, un proyecto que invita a mirar los residuos con otros ojos. Se trata de Smartincircleslab, la cocina-laboratorio urbana de Smartincircles, que trabaja con residuos orgánicos locales para convertirlos en biomateriales y bioproductos, implicando en el proceso a comerciantes, estudiantes y vecinos del barrio.

Detrás del proyecto están Sandra Martín, arquitecta y farmacéutica, que lleva más de una década dedicada al diseño y a la innovación circular, y Laura Cano, arquitecta especializada en bioconstrucción y escultora.

La iniciativa no surgió de la noche a la mañana. Todo comenzó con una pregunta que la propia Sandra se hizo hace años: “¿Qué ocurre con los materiales y los espacios cuando dejan de utilizarse?”. Aquella reflexión marcó un antes y un después en su trayectoria profesional: “Me llevó a cuestionar el modelo lineal del diseño y a descubrir la circularidad, como una manera más lógica y consciente de habitar el mundo”.

En 2016 fue reconocida como Schmidt-MacArthur Fellow por la Fundación Ellen MacArthur, y ese mismo año fundó Smartincircles como plataforma creativa. Más adelante, una colaboración en Londres con la empresa biotecnológica BIOHM reforzó su interés por los biomateriales y el biodiseño. De esa evolución nace hoy Smartincircleslab, un espacio que traslada la investigación y la innovación al día a día de Chamberí.

Un espacio abierto

“Somos una cocina-laboratorio urbana que codiseña y autofabrica biomateriales y bioproductos a partir de residuos orgánicos. Trabajamos como lo hace la naturaleza: con lo cercano y abundante, y de forma colaborativa y circular, junto a otros actores del barrio”, explica Sandra.

Del mismo modo, impulsan un ecosistema circular en el que estos bioproductos se integran a través de actividades educativas y culturales abiertas y participativas. “Por eso nuestro espacio es versátil: un día puede ser laboratorio, taller o cocina experimental, y al siguiente transformarse en espacio expositivo, aula abierta o pop-up”, añade.

La conexión con Chamberí es una de las claves del proyecto. “Trabajamos con residuos orgánicos del propio barrio; hemos empezado con el Mercado de Guzmán el Bueno, ubicado en nuestra misma calle, y los transformamos en materiales con identidad y trazabilidad. No son recursos anónimos: nacen de un contexto concreto y mantienen su vínculo con la comunidad. Cuando los materiales tienen origen, también pueden generar pertenencia y regeneración”, cuenta.

Además del mercado y sus comerciantes, el laboratorio colabora con la Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología (UDIT) como socio académico. “Creemos en la transdisciplinaridad como motor de innovación: diseñadores, científicos y makers se suman a esta red viva y en constante crecimiento”.

Uno de los ejemplos más representativos de esta filosofía fue el pasado Carnaval de Biomáscaras, presentado en el Madrid Design Festival y celebrado en el propio mercado del barrio. Se crearon 57 piezas, muchas de ellas desarrolladas en talleres con niños y estudiantes universitarios, a partir de posos de café, cáscaras o pieles de pescado. La iniciativa no sólo dio una segunda vida a los desechos, sino que convirtió el proceso en una experiencia cultural compartida, donde el aprendizaje y la creatividad se mezclaron con la vida cotidiana del mercado.

Retos y visión de futuro

En Smartincircleslab ya están trabajando en nuevos bioproductos impresos en 3D a partir de residuos orgánicos locales y preparan el lanzamiento de un kit de biomáscaras para hacer uno mismo, con el fin de acercar el biodiseño a más personas.

“Para nosotros la economía circular no es sólo gestión de residuos, sino también cultura, aprendizaje, conexión y transformación colectiva”, subraya Sandra Martín. “Creemos que nuestro trabajo es importante, porque es una invitación a rediseñar el mundo desde lo local y lo vivo. Smartincircleslab es, en esencia, un prototipo de infraestructura urbana a escala de barrio, diseñado como lo hace la naturaleza: un espacio donde la circularidad se practica de forma cotidiana, participativa y en diálogo continuo con el ecosistema que nos rodea”, concluye.


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