El pasado 31 de mayo se celebró el Día Mundial Sin Tabaco. En general, los efectos perjudiciales del tabaco son bien conocidos: riesgo de enfermedad cardiovascular y de determinados tipos de cáncer. Pero los efectos beneficiosos de abandonar el hábito son menos conocidos; después del último cigarrillo, a los 20 minutos, el ritmo cardiaco y la presión arterial se normalizan. A las ocho horas el oxígeno en sangre sube a su nivel normal. A las 24 horas disminuye el riesgo de infarto; los pulmones empiezan a eliminar residuos del tabaco. A las 48 horas aumenta la agudeza del gusto y del olfato. La nicotina ya no se detecta en sangre. Entre cuatro semanas y nueve meses después mejora la circulación sanguínea y la función pulmonar. El cansancio y la fatiga disminuyen. Al año, el riesgo de sufrir un ataque al corazón se reduce a la mitad. A los 10 años el riesgo de cáncer de pulmón baja a la mitad y el riesgo de enfermedades cardiovasculares se equipara al de una persona que nunca ha fumado.
Pero el dato preocupante es el aumento del consumo de tabaco y de productos derivados entre los jóvenes: 15 millones de adolescentes (de 13 a 15 años) en todo el mundo ya utilizan cigarrillos electrónicos. En los países sobre los que se dispone de datos, la probabilidad de vapear es, de media, nueve veces mayor entre los adolescentes que entre los adultos. En todo el mundo, 40 millones de adolescentes (de 13 a 15 años) consumen tabaco.
¿Qué medidas se podrían implementar para prevenir el consumo de tabaco en jóvenes? En primer lugar, políticas de control y regulación estatal, algunas de las cuales ya están en marcha. En segundo lugar, en el entorno escolar y familiar, alejarnos del “asustar” y centrarse en habilidades sociales: entrenar la presión en grupo (aprender a decir “no”, sin sentirse excluidos), fomentar el pensamiento crítico (analizar en clase las tácticas de marketing ocultas, aromas dulces o frutales en vapeadores, diseñados especialmente para captar menores); hogares libres de humo (ningún adulto puede fumar en casa), y coherencia parental . Y, en tercer lugar, en el entorno digital y en los medios de comunicación eliminar la publicidad encubierta: censura en redes sociales, campañas de desmitificación (vapear no es “vapor de agua” y genera adicción rápida) y restricción en plataformas de streaming.
Si se precisa ayuda para dejar de fumar, una vez tomada la decisión, no duden en contactar con su profesional sanitario de referencia. En la actualidad tenemos medidas farmacológicas y no farmacológicas para ayudar a dejar esta adicción.



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