Si alguna vez has escuchado hablar de la “culebrilla”, ya tienes una idea de lo que es el herpes zóster. Se trata de una enfermedad causada por el mismo virus que produce la varicela. Tras pasarla en la infancia, el virus no desaparece del todo, sino que queda “dormido” en nuestro organismo y con el paso de los años puede reactivarse, dando lugar a la presencia del herpes zóster.
Hoy sabemos que es una patología que afecta sobre todo a partir de los 60-65 años. Suele comenzar con un escozor o quemazón en una zona concreta del cuerpo, principalmente alrededor de la región torácica, seguido de un sarpullido muy molesto, que suele curarse en pocas semanas.
Sin embargo, el principal problema es el dolor intenso e incapacitante que puede originar, persistiendo en algunos casos durante meses o incluso años. Esta complicación, llamada neuralgia posherpética, puede afectar de forma importante a la calidad de vida, debido a la existencia de un dolor, en ocasiones, muy difícil de controlar con medicación analgésica.
Afortunadamente, hoy contamos con una herramienta muy eficaz y segura para prevenirlo: la vacuna frente al herpes zóster. Esta vacuna no sólo reduce de forma significativa la probabilidad de padecer la enfermedad, sino también el riesgo de sufrir sus complicaciones más molestas, como es el dolor crónico.
En Madrid, la vacunación frente al herpes zóster está incluida, de manera gratuita, en el calendario vacunal para personas a partir de los 65 años, además de en otros grupos de riesgo, como pacientes con enfermedades crónicas o con el sistema inmunitario debilitado.
La pauta consiste en administrar dos dosis, separadas por al menos dos meses. Los efectos secundarios suelen ser leves, como dolor en el brazo o malestar general durante uno o dos días. Si ocurre, no te asustes: es una señal de que tu sistema inmune está “entrenándose” para protegerte.
Es importante destacar que, incluso si ya has pasado un episodio de “culebrilla”, la vacuna es segura y recomendable para evitar nuevos episodios.
A veces pensamos que ciertas enfermedades forman parte de la edad, pero no tiene por qué ser así. Prevenir el herpes zóster es una manera de cuidar nuestra salud y mantener nuestra autonomía el mayor tiempo posible.
Si tienes 65 años o más, o padeces alguna enfermedad crónica, consulta en tu centro de salud. No esperes a que el virus despierte. Cuidarse es también prevenir. Y nunca es tarde para protegerse.



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