El concejal de Limpieza y Zonas Verdes puso hace unos días un mensaje en las redes sociales donde se jactaba de que los madrileños “consideran” que la ciudad “está más limpia”, tras descender la limpieza al sexto puesto “por primera vez” entre los problemas de la ciudad. Al menos, según la Encuesta de Calidad de Vida y Servicios Públicos elaborada, por el propio Ayuntamiento, y cuyos resultados en Chamberí analizamos este mes en nuestra portada.
Pero la ciudad, claro, no está más limpia, y para comprobarlo José Antonio Martínez Páramo sólo tenía que levantar la vista del teléfono y salir a pasear por las calles de cualquier distrito de la capital. Si quiere podemos indicarle nosotros algunas de Chamberí o de Tetuán.
Otra cosa es que los madrileños se quejen menos del estado de las calles, que no es lo mismo, y que bien puede responder a dos aspectos, a cual más inquietante: el primero, que haya ahora problemas más acuciantes entre las preocupaciones de los ciudadanos –que los hay–; y, casi peor, que los madrileños hace tiempo que nos cansamos de reclamar una mejor limpieza de las calles, habida cuenta de los resultados, y que muchos se hayan acostumbrado a ver la suciedad y el abandono como parte del paisaje de la capital. No hay que olvidar que toda la ciudadanía es parte del problema, pero en la administración municipal está el mandato de paliar los desastres de los ensuciadores y convencer a todos de los beneficios que comporta mantener limpia su ciudad. Esa “magia” de la que habla el Ayuntamiento, y que no está funcionando.
Siguiendo la argumentación del concejal de Limpieza, los vecinos pueden estar contentos porque Chamberí ha dejado de ser un distrito ruidoso. Según la encuesta, este problema ha desaparecido de entre las 10 primeras preocupaciones vecinales, después de haber sido uno de sus mayores quebraderos de cabeza en la última década. Misterio o milagro, no nos queda muy claro que los vecinos se hayan enterado de la buena noticia.
Por lo demás, el estudio municipal deja claro que los chamberileros están notablemente (8,3) satisfechos de vivir en su distrito, y son, junto a los vecinos de Salamanca, los que tienen mejor concepto de sus respectivos barrios. También valoran su calidad de vida en un 7,8, son bastante optimistas con respecto al futuro (7,0), y sus principales problemas apenas difieren de los del resto de la capital: vivienda, coste de la vida y sanidad.
La positiva encuesta supone un contraste brutal respecto a la noticia que también traemos este mes, acerca de la decena de personas sin hogar que desde hace tiempo malviven en los soportales de Conde del Valle de Súchil y Arapiles. Unos indigentes que, como suele ocurrir en estos casos, rechazan la ayuda pública que se les ofrece. El caso es sólo uno más de los muchos similares que se están multiplicando por la ciudad, y para los que el Ayuntamiento no tiene de momento solución, pues en gran parte depende de la voluntad de estas personas.



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