Aitor y el 'Guernica'

La cosa sería así: Rosalía puede disfrutar de la obra de Picasso siempre que antes aclare a la audiencia que el malagueño era un ser despreciable, pero el PNV puede obviar esa faceta del artista para reclamar el cuadro más famoso del siglo XX poco menos que como patrimonio vasco.

En un mundo de espíritus puros, reclamar la cesión temporal del Guernica para conmemorar el 90 aniversario del bombardeo sobre el municipio vizcaíno, podría tener sentido, y no considerarse “una catetada”, como ha dicho Isabel Díaz Ayuso. Esto de la catetada ha escocido especialmente a Aitor Esteban que, siempre tan original, ha sacado lo de las cañas y el terraceo como “principal reivindicación nacional” madrileña. Está el folclore del PNV como para hablar de reivindicaciones nacionales ajenas.

El caso es que ya somos mayorinos, y sabemos cómo anda cada espíritu. Por eso se confunde Ayuso cuando habla de “polémica absurda e interesada”, porque si es interesada, entonces no es tan absurda, y con el nacionalismo todo tiene su intención.

De lo contrario, el debate se habría acabado tras leer a los técnicos del Museo Reina Sofía exponiendo la “extrema fragilidad” de la obra y rechazando “rotundamente” su traslado. Hay incluso estudios de hace 30 años que ya advertían de que el cuadro no debía arriesgarse a más movimientos, tras su azarosa historia de viajes. Ahí tendría que haberse acabado el debate... salvo que lo que interese sea el debate, y no el cuadro.

Pocos recuerdan que el Guernica pudo haberse exhibido a un tiro de piedra de Chamberí. Concretamente, en ese “Manhattan de secano”, como llamaba Ramón Tamames a la manzana de Azca, que a principios de los 80 –cuando se decidió el regreso de la obra– se encontraba a medio hacer. Acababa de bautizarse su plaza central como de Pablo Ruiz Picasso, un gancho que Tamames, a la sazón primer teniente de alcalde, aprovechó para deslizar en ABC la posibilidad de colgar allí el cuadro. Concretamente, en una nueva sala ubicada “en los subterráneos” del espacio, cosa que por supuesto nunca sucedió. De hecho, aquella boutade apenas tardó sólo unos días en desinflarse, y en septiembre de 1981 el Guernica llegaba finalmente al Casón del Buen Retiro, de donde salió una década después en dirección al recién inaugurado Reina Sofía.

Tetuaneros y chamberileros nos quedamos entonces con la artística miel en los labios. Exactamente igual que se va a quedar Aitor.


  Votar:  
Resultado:0 puntos0 puntos0 puntos0 puntos0 puntos
  0 votos

Deje un comentario

Para dejar su comentario identifíquese o regístrese.