Joaquín Torres: “Lo lejos que se llegue depende del trabajo de cada uno”

Entrevista al ‘arquitecto de los famosos’


Es uno de los arquitectos más punteros del mundo y hemos charlado con él sobre su carrera y los desafíos a los que se enfrenta la arquitectura moderna. Su primera intervención es toda una reivindicación: “Es fundamental recordar la importancia de la arquitectura, en estos tiempos en los que la figura del arquitecto ha perdido la relevancia de antaño”. La culpa es de los propios arquitectos, dice Torres, “que a menudo hemos banalizado nuestro oficio”.

Carismático y dotado desde niño de una lucidez envidiable, Joaquín Torres repasa, a sus 50 años, su juventud y los pasos que le llevaron a convertirse en el artista que es hoy. “Mi padre era un hombre con muchas inquietudes artísticas y siempre hubo una fuerte presencia del arte en casa”, recuerda. “Cuando creces en este ambiente puede que surja una vocación artística, como fue mi caso, o que se genere un rechazo radical, como sucedió con alguno de mis hermanos”. Nació en Barcelona, aunque estudió en Madrid cuando era un adolescente. “Venía de estudiar en el Liceo Francés, el colegio más progre de Madrid, y me marché a Pamplona a estudiar Arquitectura en el Opus Dei. Es decir, mientras la mayoría de jóvenes sufren un periodo de liberación cuando van a la universidad, yo me vi inmerso en un sistema opresivo, cuyos valores no compartía en absoluto”.

A pesar de esta experiencia, recalca la importancia de que los jóvenes hagan las maletas: “Cuando uno empieza a formarse, debe alejarse del núcleo familiar. Animo a los jóvenes a cortar el cordón umbilical y aventurarse”. Terminó la carrera en La Coruña, donde encontró el camino que ya nunca abandonaría. Era 1996 y, aunque recibió propuestas para volver a Madrid, decidió quedarse en Galicia y fundar, junto a Rafael Llamazares y Alberto Peris, un estudio de arquitectura que terminaría convirtiéndose en un referente internacional: A-Cero.

“Cuando comenzamos no éramos nadie, así que el nombre parecía apropiado. Nos recuerda de dónde venimos, y sirva a los jóvenes emprendedores para recordarles que se empieza de cero y lo lejos que se llegue depende del trabajo de cada uno”.

Torres se ha ganado el sobrenombre de ‘el arquitecto de los famosos’. Entre sus clientes se encuentran políticos como Felipe González, empresarios como Amancio Ortega, e innumerables futbolistas: Ronaldo, Zidane, Fernando Torres… A este último lo recuerda con especial cariño: “Fernando tendría 19 años cuando nos conocimos, era un joven excepcional que empezaba a tener un éxito difícil de gestionar a esa edad. Me encargó una casa en La Finca, ya que sabía que yo había diseñado las de muchos de sus compañeros. Imagínatelo, con 19 años delante de mí, que yo era todo vitalidad, el pobre no supo plantearme lo que quería. Cuando terminé su casa, el futbolista ya estaba casado y con un hijo. Fue una historia muy bonita”.

Tiempos de pandemia

Está convencido de que las generaciones jóvenes pueden aportar una perspectiva fresca que conduzca a grandes cambios. “Hoy la gente reclama volver al entorno rural, que nos ancla a un pasado y tiene algo de bucólico. Esto cobra gran importancia en un momento como el que vivimos, con esta pandemia. Todas las generaciones han tenido que enfrentarse a malos momentos. Nuestros abuelos libraron batallas peores. A nosotros nos ha tocado esta, que ha puesto de manifiesto el tema de la vivienda”.

Y añade: “Es fundamental que aprovechemos la tecnología para plantear otro modo de arquitectura, otro urbanismo y otra forma de vivir. Esto hará que la vivienda se abarate, porque ya no hay necesidad de que vivamos cerca de un núcleo de trabajo, pues se está viendo que el teletrabajo y la descentralización son posibles. Como arquitectos, tenemos una obligación social”.

Arquitectura y política

Y de la vertiente social del oficio, a su vinculación con la clase política. “No hay ningún arquitecto con proyección internacional que no tenga relación con el poder, porque si no, no tienes obra. Calatrava, por ejemplo, en un momento te hace media Valencia, porque tiene conexión directa con Zaplana y toda esta gente. Hoy es el gran denostado, pues ni tanto ni tan calvo. En cuanto a la relación con los políticos, a mí me cuesta mucho, porque me parece que, en general, son de una calidad bajísima y ha descendido enormemente el nivel, lo cual es reflejo de la clase social española. Hemos ido bajando el estándar. Creo que hay que pedir más a los políticos. ¿Por qué un barrendero tiene que pasar una oposición y un político puede llegar donde quiera sin ninguna titulación?”.

Torres habla desde la experiencia y los años de carrera a sus espaldas. Años de bonanza no exentos de turbulencias. Uno de los mazazos más duros vino con la anterior crisis económica. “Fueron momentos muy difíciles y de mucho estrés”, recuerda el arquitecto. “Me vi obligado a echar a gente y amputar mi empresa para sobrevivir. Se lleva muy mal eso de sentarte ante un gran profesional y una gran persona y decirle que no hay trabajo para todos. Es una de las experiencias más terribles que he vivido. Son familias enteras las que hay detrás”. ¿En qué medida le ha hecho esa experiencia modificar su modelo empresarial? “En estos momentos soy muy cauto. Como empresario, no me puedo comprometer a algo cuya realización no vea clara. Me quedan 30 años de vida profesional. Voy a hacer grandes proyectos, pero ahora debo ser prudente. No puedo volver a fallar a nadie”.

Sus proyectos le han llevado de Tokio a Dubai, pasando por Líbano y, recientemente, República Dominicana, donde tiene entre manos la obra de una finca de más de 1.500 hectáreas, con siete campos de golf. Sigue con la misma energía e inquietud con la que fundó su estudio 25 años atrás. ¿Nunca descansa? Torres se ríe: “Tenemos que adaptarnos a la velocidad del mundo, y ahora mismo buscamos la inmediatez en todo. Incluso si escribes a un amigo y no obtienes una respuesta inmediata, nos sentimos inquietos. Los arquitectos tenemos que convivir con esto y adaptarnos”.

Fotos: Winaxfotógrafo.
 


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