“Me vine a Madrid para tener oportunidades, pero nadie me regaló nada”

Juliana Pinedo, una chamberilera de Cuenca, relata sus vivencias en la Colonia San Cristóbal


Con 89 años recién cumplidos, Juliana Pinedo Martínez ha pasado prácticamente toda su vida en el distrito de Chamberí, concretamente en el poblado de San Cristóbal. Su marido, Lázaro del Moral Montes, fue policía armada y después conductor del Parque Móvil del Estado. “Llegué a Madrid con 14 años, a la casa de mi tío, que vivía con mi abuela. Allí me encargué de todas las tareas del hogar. Pero un día vi un cartel en un balcón que ponía modista y subí a preguntar. Así conocí a Florita, que no podía pagarme, pero me enseñó a coser”, recuerda emocionada nuestra protagonista.

Salir adelante en la capital resultó complicado para una muchacha de Puebla de Almenara (Cuenca), sin estudios ni apenas recursos, pero no por ello Juliana dejó de luchar. Poco a poco fue abriéndose camino en el sector del corte y la confección, hasta conseguir su propio título oficial de profesora de corte, en junio de 1955.

Juliana nos cuenta la peripecia por la que acabó viviendo en Chamberí. “Mi hermano Mónico trabajaba en el bar del Parque Móvil y yo le llevaba regalos de los envíos que nos hacía nuestra madre del pueblo, como por ejemplo uvas de nuestras viñas. Entonces, un día un amigo le dijo: ‘¡Oye, qué cariñosa es tu novia, que te da besos delante de todos!’, a lo que mi hermano respondió que yo no era su novia, sino su hermana. Así conocí al que fue mi marido Lázaro, que estuvo una semana siguiéndome para que aceptara una cita con él”, explica Juliana sobre sus primeros contactos en San Cristóbal.

Tiempo después llegaría a establecer una estrecha relación con la secretaria del Parque Móvil, porque le hizo muchos trajes y vestidos ¡Incluso una capa! Pero, cuando realmente se mimetizó con este rinconcito apartado del resto de Madrid que suponía la colonia, fue cuando se casó con Lázaro.

Niños para una casa

En aquel momento, sin embargo, comenzó otra batalla: la de conseguir una casa para la pareja, porque el Ministerio solo ofrecía viviendas a quienes ya tuvieran hijos. Y en función del número de niños, la casa era más grande o más pequeña. “Primero tuvimos dos, una chica y un chico, y yo tuve que dejar de trabajar, porque no me daba la vida. Más tarde, cuando ya estaban creciditos, nos animamos a repetir. Curiosamente, otra vez niña y otro niño”, comenta risueña.

Cuando le preguntamos cuál ha sido la mayor alegría de su vida, no lo duda: “Mis hijos”. Además, se enorgullece de que ninguno cayera en la droga allá por los 80, cuando el barrio era el epicentro de la heroína en Madrid, junto con San Blas.

Lógicamente, Chamberí ha cambiado mucho, y ahora es uno de los distritos más caros de la ciudad, con mayor concentración de terrazas y bares por metro cuadrado. Sin embargo, algunas tradiciones se han perdido, como aquellas fiestas del patrón de los conductores que, según cuentan Juliana y sus hijos, eran las mejores de todo Madrid. “No tenían nada que envidiarle a las del Carmen”.

La Colonia y el Parque Móvil

El Parque Móvil del Estado en Cea Bermúdez se construyó como cochera y taller para los automóviles oficiales del régimen franquista. Una infraestructura que vino acompañada de la Colonia San Cristóbal, con el objetivo de ofrecer alojamiento a los trabajadores del mismo y a sus familias. Además, se dotó a la mancomunidad con todos los servicios necesarios para la vida cotidiana de sus habitantes: un economato, un cine, un colegio, una iglesia, un restaurante, una piscina y otras instalaciones deportivas o diversos oficios (sastrería, peluquería, mercería…).

A día de hoy se conserva la cafetería, el colegio, la iglesia y algunos pequeños comercios. Uno de los objetivos del Gobierno de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid es recuperar la piscina y reconvertir determinadas edificaciones para abrir una escuela primaria y una biblioteca.


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