Carlos María Weber combate a la vida con su arte

Es un artista de Chamberí que malvive en una furgoneta


A sus 57 años, la vida de Carlos María Weber García no ha sido, ni es, un camino de rosas. Nació y vivió en Chamberí, en la calle de Vallehermoso, 32, hasta los 18 años, cuando falleció su madre y se quedó solo. Por aquel entonces el arte de pintar, de manera autodidacta sin haber ido nunca a una academia, ya corría por sus venas: “Mi padre era arquitecto y yo copiaba sus planos, las casas que diseñaba… Así aprendí a dibujar. Incluso mi madre decía que había nacido con un lápiz en la mano”, recuerda Carlos María Weber.

En su soledad, el arte siempre ha sido su mejor compañero de viaje, “va conmigo donde yo vaya”, afirma rotundo. Y también la imaginación que desborda y que es capaz de transmitir a sus pinceles y de ahí al lienzo: paisajes, bodegones, retratos… “Soy polifacético. Hago lo que me pidan, aunque me considero bastante cubista”, reconoce el artista.

Su vida errante, de un lado para otro, jamás ha menoscabado la pasión por su arte; ha hecho castillos de arena en las playas, puesto que también ha trabajado la escultura y las tallas; ha vivido en Berlín; ha estado cuatro años en Colombia, malviviendo con lo puesto en las calles de Cali, en Australia… “hay obras mías por todo el mundo”, dice orgulloso, que hace un cálculo mental para sumar más de 2.000 cuadros realizados a lo largo de su vida.

Cambia caridad por cuadros

Hoy, Carlos María Weber malvive en una furgoneta en la población de Las Rozas, lejos de su querido Chamberí, “donde me gustaría hacer una exposición de mi obra y si gano algo con ella sería para ayudar a otras personas que están en la calle como yo. No estoy aquí para vivir de mi trabajo, solo quiero dejar una gran obra por si a mi muerte tengo fama y puede beneficiar a mi hija”, asegura de manera altruista. Una hija que ahora vive en Castellón y a la que espera ver muy pronto: “Tengo más de un 80% de discapacidad y el verano que viene empezarán a darme una pensión que me corresponde, entonces me iré con ella, mientras tanto hay que aguantar”.

Y lo hace gracias a la ayuda que le prestan desde Cáritas, en forma de medicamentos, comida, que pueda ir a ducharse a la Casa de Baños de Embajadores y también “me están buscando un albergue para pasar el invierno bajo techo. A cambio yo les pinto murales, les regalo cuadros para sus centros… Siempre cambio caridad por mis obras”. Es lo que hace por ejemplo con una vecina de la zona, Encarni López, que le compra el material para que pueda seguir expresando su arte y él la corresponde pintándole algunos cuadros.

Así es este artista, que no se queja de la vida que le está tocando vivir, porque siempre estará acompañado de su ARTE. 

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