Chamberileros y fútbol

A la historia del fútbol capitalino le faltaría un buen pedazo sin la participación de aquellos jóvenes profesores de la Institución Libre de Enseñanza que en 1890 regresaron de su ampliación de estudios en Inglaterra, trayéndose consigo el «secreto» del foot-ball británico. En Vigo o Huelva la introducción sería a través de los trabajadores ingleses, pero la práctica deportiva en la capital encajó desde sus inicios en la idea de la institución pedagógica ubicada en el Paseo Novelesco –luego del Obelisco y hoy, del General Martínez Campos– de potenciar la forma física de los estudiantes, que lo acabarían practicando en el camino de El Pardo, cerca de Puerta de Hierro.

Un par de décadas después tenemos el primer club propiamente chamberilero, el Racing Club de Madrid, fundado en 1914 tras la fusión del Instituto Cardenal Cisneros y del Regional F.C. Ya el primer año el equipo se reforzó con grandes jugadores gracias a los hermanos Miró Trepat, industriales mineros y mecenas del club, que tentaban a los jugadores con contratos laborales en su empresa. Un profesionalismo encubierto en una época en la que el fútbol era amateur, que empezó a ser mal visto por los rivales y que le valió a los «rojinegros chamberileros» para ganar el Campeonato Regional Centro en su primera participación –ganaría uno más en 1919– y para que, años después, fuera vetado en la primera edición del Campeonato Nacional de Liga, que hubo de empezar desde la Segunda División.

Al poco de nacer, el Racing acumulaba ya 3.000 socios y un millar de aficionados, y la directiva decidió comprar un terreno precisamente frente a la ILE, en la manzana que hoy ocupa el Teatro Amaya, donde construyó un estadio que sería su casa hasta 1929.

Para entonces las cosas se habían torcido estrepitosamente para el club del barrio que, pese a invertir mucho para lograr el ascenso, acabó último, lo que suponía un nuevo descenso de categoría. Pero la directiva no estaba dispuesta a jugar en Tercera, por lo que regresó al anterior Campeonato Regional y, espoleada por su desbordante afición, redobló la apuesta construyéndose un nuevo estadio en Puente de Vallecas, en el lugar que hoy ocupa el del Rayo, para competir con sus vecinos de Chamartín y del Metropolitano. Un estadio moderno y lejísimos de Chamberí, que iría distanciando a la afición y que supondría el penúltimo error de cálculo del club. El último, una gira ruinosa por América en 1931, de donde regresaron golpeados, endeudados y descendidos, y de la que ya no pudieron recuperarse.

Foto: @LaLigaenColor


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