Nuestro “Little Italy” en Chamberí: pasado y presente de “un sueño europeo” hecho realidad


Años 1950-1960. Barrio de Gaztambide. “Carmen, te paso las sfrappole”. Y Luciana hacía correr por la cuerda de tender del patio una cestita con sus deliciosos dulces típicos de Bolonia recién hechos. En otras ocasiones, le pasaba pasta fresca, tagliatelle, para mezclarla con una salsa con cebolla, apio, zanahoria y perejil picados en sofrito, al que se añadía carne picada y tomate. O tortellini, rellenos de carne y verdura, requesón y espinacas. Luciana había venido de Bolonia, con su marido Rino Scarabelli, ingeniero, como responsable comercial de FIAT Hispania. Enseguida entablaron una buena amistad con mis padres, sus vecinos de edificio, hasta el punto de convertirse mutuamente en padrinos de bautismo de mi hermano Álvaro, y mis padres, Carmen y Lorenzo, de su segundo hijo Sandro. Años más tarde, se mudaron al barrio de Arapiles, a uno de esos edificios de buena arquitectura, que todavía conservan milagrosamente la mayor parte de sus terrazas, diferenciadas por colores. Sus vecinos de piso, en esta ocasión: Rocío Dúrcal u otros artistas.

Una historia, dos países

La primogénita de Rino y Luciana, Annalisa, nació en Madrid y, desde los cuatro hasta los 14 años, pasó por la escuela de Infantil, Primaria y Secundaria del entonces Liceo Italiano de Madrid (LID), actual Scuola Statale Italiana di Madrid. Ella, que a principios de 1970 regresó a Turín y que luego se estableció en Trieste, recuerda con cariño su infancia y adolescencia en Madrid, especialmente en la zona circundante a su centro de estudios y al punto de encuentro con sus compañeros: la legendaria cafetería Kon-Tiki, ya desaparecida, en la Plaza de San Juan de la Cruz. Cada pocos años regresa a Madrid, con su marido Davide y otros amigos para disfrutar de la ciudad que marcó su vida. En 2012, Annalisa organizó un primer reencuentro con sus compañeros de clase del Liceo en Madrid. Entre ellos, Lauro Olmo Enciso, hijo del dramaturgo Lauro Olmo Gallego, y catedrático de Arqueología en la Universidad de Alcalá, que ha impartido clases también en varias universidades italianas. En 2013, con motivo del 75º aniversario del Liceo, asistieron a su celebración en la Scuola unos 200 “ex” de toda Europa e Iberoamérica.

Ocho décadas de amistad

Casualmente, este año se celebra el 80º aniversario de la creación de la República italiana. Durante la fiesta nacional anual que se celebró el 2 de junio en los jardines de la Embajada de Italia en Madrid (en el antiguo Palacio de Amboage), el actual embajador de Italia en España y Andorra, el napolitano Giuseppe Buccino Grimaldi, habló en su discurso de “la extraordinaria relación entre los dos pueblos, la cooperación económica cada vez mayor, las relaciones culturales y sociales tan intensas, con presencia masiva y creciente de italianos en España, acogidos con gran amabilidad y calor”. Y dio su agradecimiento especial a la Scuola Italiana, la escuela con mayor número de alumnos en el extranjero, felicitando a su director y profesores, por la labor de síntesis entre Italia y España, como “un sueño europeo”. En efecto, la Scuola Statale Italiana (1940), situada junto al actual Consulado General de Italia en Madrid, en la calle de Agustín de Betancourt, 1 y 3, respectivamente, ha sido y es el alma de un microcosmos italoespañol muy singular. En mi caso, nacida en el domicilio familiar en Chamberí, me esforcé para poder continuar viviendo en este distrito tan acogedor. ¿Dónde? Pues, desde hace más de 25 años, a pocas manzanas de la mencionada Scuola. Así que participo a diario de este “Little Italy”, que toma su nombre del de Manhattan en Nueva York, aunque de forma tan reducida y sutil, que no todos lo conocen como tal, aunque sí que perciben una sospechosa concentración de ofertas gastronómicas y culturales con sello italiano.

Italia en pequeñas dosis

A media mañana me encanta ir al Non solo Caffè, situado estratégicamente enfrente de la Scuola, en la calle de Ríos Rosas, 52. Me atrevo, sin rubor, a practicar allí mi rudimentario italiano: “Un cappuccino e un cornetto, per favore”. El café es de Illy, icónica marca triestina, y la correcta grafía de “cappuccino” es un buen indicativo de que el local no es un sucedáneo. Además, la repostería es de elaboración propia, con sus deliciosos tiramisú y panettone. Por las mañanas abundan los clientes italianos por la influencia de la Scuola y del Consulado: padres, profesores, residentes… Y, por la tarde-noche, acude un público más español. Es también restaurante de cocina “autóctona” y cuenta con una acogedora terraza para degustar un Aperol Spritz, refrescante cóctel de los años 50. Pocos metros más arriba está en el número 50, Mercato Italiano. Más desenfadado, con comida para llevar, tienda gourmet y productos y cocina genuinamente italianos, que atrae a una clientela más joven, que abarrota el local y la terraza durante su tiempo libre. Al amparo de este núcleo, se ha abierto en el 54 otro icono itálico: La Gelateria Italiana, con obrador propio y maestro heladero napolitano. En las tórridas noches de verano, los fines de semana, se forma una cola impresionante. El éxito de este ecosistema, motor en gran parte del fenómeno “Little Italy”, se debe al visionario proyecto de un amante de la buena gastronomía y tenaz emprendedor: Silvano Poggioni. Nacido en la localidad de Lodi, cercana a Milán, es el gerente de estos tres establecimientos, desde 2008, 2016 y 2021, respectivamente. Y funcionan bastante bien, porque Silvano se ocupa personalmente de ellos y aún encuentra tiempo para mantenerse en plan “espagueti”, pese a las tentaciones de su profesión, como un corredor más por la zona. Y todos mis amigos italianos siempre han dado su aprobación a este trío.

Alimento para el cuerpo y el espíritu

Casi todos los años, en el parque de recreo de la Scuola, se celebra a principios de junio Passione Italia, el evento de promoción del “Made in Italy” en España desde 2009. Un largo fin de semana que congrega a las familias italianas y españolas de sus alumnos y a otros visitantes, en torno a actuaciones musicales, casetas con productos regionales italianos, talleres y degustaciones de pasta, pizza, embutido… y, por supuesto, los helados de Di Angelo Gelateria, servidos en un antiguo carrito, que no hay que perderse. La educación y la cultura atraen, a su manera, a la Librería Italiana, en Modesto Lafuente, 47, recuperada recientemente, tras 40 años de existencia, por cuatro mujeres vinculadas a la Scuola, que decidieron volver a subyugar a los transeúntes con sus publicaciones y encuentros sobre el mundo italiano. Pero, la calle de Ríos Rosas da para varias sorpresas más: la primera y más antigua de todas: El Pastaio. Abrió hace 30 años como restaurante de cocina italiana, pero ya sólo queda su tienda con pasta fresca, salsas, pan y otros productos italianos, entre ellos una buena selección de vinos de toda Italia. Y sigue extendiéndose la estela italiana con La Taberna de Francesco, de un siciliano; el nuevo restaurante, muy engalanado, Storia D’Amore; Ferini, un estudio floral de planta seca. Y, pegado al Mercato Italiano, Sapori Di Tiramisú, con su despliegue de opciones. Al que le sigue, Granita, situado en un bonito local de antaño; un modesto y reciente restaurante siciliano con menús a buen precio, que invita a entrar. Y, mucho más alejado, en Alonso Cano, 37, Fratelli Figurato, de dos hermanos napolitanos, que elaboran pizzas clásicas y de autor.

¿Pasión o invasión?

La fiebre italiana también ha dejado su huella al otro lado de la manzana de la Scuola y del antiguo Palacio de Santa Coloma (1911), donde se ha celebrado tradicionalmente a mediados de noviembre un Mercantino Solidale Italiano, abierto al público, con puestos de venta y comida típica, y otras actividades para realizar proyectos benéficos durante todo el año. Antes se ubicaba en este palacio la Scuola y luego la Cancillería Consular de la Embajada de Italia en Madrid, pero debido a que la comunidad italiana en la capital española ha crecido exponencialmente en los últimos años, al igual que el flujo de turistas, se ha abierto, a finales de 2024, el nuevo Consulado General de Italia en Madrid, dependiente del Ministerio de Exteriores italiano. Este consulado, según sus datos oficiales, ejerce su jurisdicción sobre unos 124.000 compatriotas, residentes, que crecen a un ritmo de unos 1.000 al mes. Corresponden sólo a la mitad de las comunidades autónomas, ya que se calcula que en España hay un total de más de 325.000 italianos, la mayoría de origen italiano, procedentes de Argentina y Venezuela, más que de Italia, afincados sobre todo en Cataluña. El Ayuntamiento complementa estos datos con la cifra de unos 30.000 italianos en Madrid, de los cuales un tercio vive en Chamberí.

Un circuito que crece

No es de extrañar entonces que, en la calle de Cristóbal Bordiú, además de ubicarse la Cámara de Comercio Italiana para España, que organiza Passione Italia, dentro del espacio ocupado por el consulado, lleve ya varias décadas funcionando la Accademia del gusto, un pequeño establecimiento con productos gourmet italianos y talleres enogastronómicos. O que, un poco más arriba, esquina con Ponzano, desde hace tres años haya abierto el competitivo Market Casa Italia, con una dilatada oferta de lunes a domingo, de 9:00 a 22:00 horas, de productos de consumo diario, como pasta, quesos, embutidos, salsas, vinos, café… Y, como Italia no se comprende sin su diseño, también está Stua, una tienda de muebles, no italiana, pero que bebe del mismo manantial de su gusto por el refinamiento.

Así que, cada vez que vuelven a Madrid mis amigos desde Trieste, les encanta venir a mi casa y pasear por este sugerente “Little Italy”, incrustado en su querido y añorado Chamberí.


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