Palacio de Zurbano, el salón de baile donde nació la reina Fabiola

Un tesoro apenas conocido en pleno barrio de Almagro


A finales del XIX, y gracias al Ensanche, el barrio de Almagro se fue pespunteando de palacetes y “hotelitos” construidos para aristócratas y potentados que buscaban materializar aquella célebre aspiración de la clase alta madrileña de las tres “pes”: un palacio en la Castellana, un palco en el Real y un panteón en San Isidro.

Uno de los que lo logró fue el Conde de Muguiro, que entre 1787 y 1881 mandó construir sobre los terrenos de la antigua huerta de Loinaz –muy cerca de la residencia del propio Carlos María de Castro, autor del Plan del Ensanche– una vivienda tipo “hotel”, denominación de influencia francesa referida a un edificio unifamiliar, con jardín y cierto aire elegante pero que por sus dimensiones y sobriedad no alcanzaba la consideración de palacio.

Del proyecto se encarga Severino Sainz de Lastra, autor junto con Eduardo Adaro del edificio del Banco de España. El arquitecto diseña una vivienda casi rectangular y de esquina redondeada, con una fachada de ladrillo visto sobre un zócalo de granito, una entrada con visera de cristal y hierro y un jardín de mayores dimensiones del que hoy puede verse.

Fermín Muguiro fallece en 1919, y sus herederos venden el inmueble por 750.000 pesetas a Gonzalo de Mora y Fernández, IV marqués de Casa Riera y conde pontificio de Mora, que llevaría a cabo una gran reforma que cambiaría tanto la estructura del edificio –casi doblaría su tamaño, a costa de reducir el jardín– como su decoración. La rehabilitación, llevada a cabo en los años 20, amplía el antiguo “hotel” y lo dota de elementos de ampulosidad suficiente para ser ya considerado un palacete, de acuerdo a la vida social más intensa de los Condes de Mora.

Así, se actualiza el pórtico de acceso, ahora una entrada monumental con capiteles de estilo clásico; también se transforma el vestíbulo, donde se instala una espectacular escalera de doble ramal, flanqueada por dos columnas de granito negro, que obliga a quitar varias estancias de arriba; por último, se eleva el techo del salón principal, destinado a bailes y ceremonias de recepción, lo que aboca a una reforma de la cota del primer piso, con lo que ha de añadirse un nuevo tramo de escaleras para acceder a algunas habitaciones.

Nace una futura Reina

Una placa situada en la fachada recuerda que el 11 de junio de 1928 nacía en este edificio Fabiola de Mora y Aragón, cuarta hija de los marqueses y futura reina de Bélgica durante 33 años, tras su célebre matrimonio con el rey Balduino. Con la llegada de la República, la familia de Mora se exilia y durante la Guerra Civil el inmueble alberga el cuartel general de La Pasionaria. Finalizada la contienda, los marqueses regresan a la capital y el palacio permanece en manos de la familia hasta que es vendido al Estado en 1986. En la actualidad, es propiedad del Ministerio de Fomento, que lo usa para actos de representación y protocolarios.

El Palacio de Zurbano cuenta con tres plantas, de las cuales la más destacada es la baja, donde se encontraban los salones y comedores, mientras que la primera se dividió –tras la reforma de los Mora– en dos alas para los aposentos del marqués y la marquesa. El segundo piso, por su parte, estaba destinado a las habitaciones del servicio, de los hijos y a capilla.

Tras la adquisición por parte del Estado, a mediados de los 90 se lleva a cabo una restauración  completa del edificio, que lleva a cabo un gran trabajo de marquetería en los suelos y recupera las pinturas en paredes y techo de Arturo Mélida, pintor, ilustrador y dibujante de gran aceptación en la época, y que también fue escultor y arquitecto. Suya es la alegoría musical del techo del “salón de la rotonda” y también los murales de las paredes del “salón de los continentes”  –representados por figuras femeninas y descubiertos en dicha reforma, ya que permanecían ocultos tras unos entelados y pilastras de madera colocados en el periodo de los Mora– y el curioso “salón de las abejas”, denominado así por ser estos animales los que protagonizan la ornamentación.

También se restauran las dos estancias principales de la ampliación llevada a cabo por el Marqués, como es el salón de baile, de decoración barroca y con una cornisa muy volada, lugar en el que actualmente se llevan a cabo cumbres y reuniones, y también el “salón de los mármoles”, estancia de recepción y descanso que da acceso directo al patio. Como pieza destacable, cabe señalar la fabulosa bañera de mármol rosa labrada que se ha conservado en el primer piso, en lo que fue el aseo de la marquesa.

Goya, Velázquez, Tiépolo...

El inmueble también ha sido reconocido históricamente por albergar una importante colección de obras de arte, la mayoría procedentes de la herencia de los Riera, si bien casi ninguna se encuentra ya en el edificio. Además de las pinturas de Mélida, de sus paredes han colgado diversos cuadros de Goya –entre ellos, la “Lechera de Burdeos”, propiedad de los Muguiro y posteriormente cedida al Museo del Prado–, Sorolla o Federico de Madrazo, e incluso una cabeza de apóstol atribuida a Velázquez, o un gran Tiépolo que presidía la escalinata imperial.

El Palacio de Zurbano permanece cerrado al público, si bien durante el año abre a las visitas en jornadas señaladas, como en la reciente Semana de la Arquitectura o en el programa “Bienvenidos a Palacio”, siempre bajo inscripción previa.

(Fotos del interior: Archivo General del Ministerio de Fomento)



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